¿Se acuerdan de la comida casera? por Adrián Cormillot

Durante mi infancia los sábados a la noche eran muy especiales. Mi madre se tomaba el lujo de no cocinar la cena y estaba consensuado que esa noche, la comida se traía de afuera de casa.

Las rotiserías de mi barrio estaban en un radio de seis cuadras, y solamente había 2. Todavía recuerdo el recorrido de esas varias cuadras que realizábamos junto a mi  familia, que terminaba con mi emoción infantil de llegar y ver aquella vidriera empañada por el calor del spiedo. Detrás de esa nube de humo que se condensaba al alcanzar el vidrio, se encontraban los pollos, debajo de la luz, tan dorados como crocantes, todos prolijamente acomodados en la maquina giratoria de la rotisería.

Era un momento que interrumpía las rutinas de las comidas semanales y el sabor estaba garantizado. Nada de muy crudo o muy cocido, o poca sal.  El pollo al spiedo de la rotisería era como traer un lujo culinario a casa.

Pero la cantidad de grasa del pollo de esa época, la cantidad de sal, la porción XL era parecida a lo que vemos hoy en día en restaurantes y deliverys…

Entonces porque se incluye a la comida fuera de casa como uno de los factores a modificar?
Porque actualmente los alimentos  procesados están creciendo de manera exponencial, y esto no se debe al aumento numérico de la población,  se debe a  que la comida casera, tal como la conocemos va camino a la extinción; y en su lugar crecieron miles de restaurantes de comidas rápidas y deliverys.

¿Pero qué ocurrió primero? ¿Dejamos de cocinar porque hay más oferta de alimentos rápidos y baratos o hay más oferta de alimentos rápidos y baratos porque dejamos de cocinar?
En realidad la que tradicionalmente se encargaba de las comidas de la casa fue siempre la mujer.

Claro que esta situación transpiraba machismo y no podía (ni debía) durar demasiado en un siglo en el que la conquista de derechos de la mujer estuvo a la orden del día. En 1900, apenas un 20% de las mujeres trabajan fuera del hogar. Hoy, cerca del 60% lo hace. Y si mamá trabaja, ¿quién cocina?

Este cambio social explica la popularidad del microondas, la procesadora o la batidora que hacen que cocinar y calentar algunas comidas sea cuestión de minutos, y también contribuyó al crecimiento de las comidas rápidas o  “fast foods”.

Cada vez más gente come en restaurantes de comidas rápidas y lamentablemente cada vez se reduce más el porcentaje de comidas en casa.

Con el auge del delivery, los restaurantes de comidas rápidas y otros establecimientos de venta de comida es que nos sometemos a lo que los cocineros y las empresas decidan acerca de nuestra alimentación. Hoy en día el que elige las porciones y la cantidad de grasa que come tu familia es un cocinero ocasional del delivery. Y algo me dice que no es precisamente nuestra salud lo que tiene en mente.

Apunten contra los fast-food
Lo curioso es que en estos restaurantes no sólo la preparación de la comida es rápida; también lo es el acto de comer. Una vez sentados ante nuestra mesa un tanto incomoda, desenvolvemos la hamburguesa y acabamos con ella en 4 ó 5 mordiscos. El resto del tiempo seguimos sorbiendo nuestra gaseosa gigante –aunque ya no tengamos sed- y comiendo papas fritas con una sobredosis de sal. Y como comemos tan rápido, muchas veces seguimos con hambre. En un restaurante de comidas rápidas podemos llegar a ingerir entre 800 y 1000 calorías y así y todo no terminar “pipones”.

De acuerdo a estudios científicos, las personas consumen por comida unas 200 calorías más comiendo en estos locales, que comiendo la misma comida en casa.  Los chicos en particular, consumen casi el doble de calorías.  La razón: la gran cantidad de grasa y azúcar de sus menúes, y el tamaño gigante de sus porciones.

Una hamburguesa grande tiene unas 600 calorías y 35 gramos de grasa. Con dos de ellas ya tenemos casi la mitad de las calorías que la mayoría de los hombres necesitan para todo el día (sin contar papas, gaseosa ni postre).

Manual de Supervivencia
El secreto es invertir la proporción: mientras más comidas caseras hagas, menos probabilidades de engordar tendrás. Cuando cocina mamá, papá o vos mismo sabés exactamente qué vas a comer y cuál es la mejor porción.

Un menú de comidas rápidas puede tener entre 800 y 1800 calorías. ¡Para quemarlas deberíamos caminar el equivalente a 30 horas!

Si te ofrecen agrandar tu combo, decí que no. Hay buenas chances de que no necesites las calorías extra. Siempre hay tiempo de decidir después de que hayas comido.
Si hay varias porciones, elegí la más chica para empezar. La gente come más cuando empieza por la porción más grande.

Todo lo frito tiene más calorías. Si pedís por ejemplo empanadas preguntá si las hacen también al horno.

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